La emoción de Marcela Mancilla se hizo sentir al recibir las llaves de su casa en Río Gallegos. Después de más de 19 años de espera, la posibilidad de tener un hogar propio finalmente se concretó al recibir las llaves de su casa de manos del gobernador Claudio Vidal y lo hizo rodeada de las personas que la acompañaron durante todo ese tiempo: sus tres hijas, su mamá, su hermana, su tía y sus compañeros de trabajo.

En la casa de Marcela, las mujeres son el centro de la vida familiar. Sus tres hijas, su mamá, su hermana y su sobrina estuvieron a su lado para compartir una alegría que también sienten como propia. Son varias generaciones unidas por el afecto y la compañía cotidiana, que ahora tendrán un nuevo lugar de encuentro: la casa que Marcela esperó durante más de 19 años y que hoy abre sus puertas para comenzar una etapa juntas.
“Obviamente, muy feliz, muy emocionada. Hace mucho tiempo que lo estábamos esperando y ya esperando poder empezar a habitarla”, contó, todavía movilizada por lo que estaba viviendo.
Marcela es madre de tres hijas y sostuvo a su familia mientras compartía durante años la casa de su mamá con otros integrantes de la familia. Por eso, recibir su vivienda significa también comenzar una etapa distinta, con un espacio propio para ellas y la posibilidad de organizar la vida cotidiana de otra manera.
“Estuve muchos años viviendo en la casa de mi mamá. Estábamos todo el tiempo acompañadas de mi hermana, de mis sobrinos, mi mamá. Pero ahora sí, obviamente que cambia. Es todo nuevo para nosotras”, explicó.
Con la alegría de quien empieza a imaginar cómo será esa nueva vida, también dejó en claro que la casa seguirá siendo un lugar de encuentro para los suyos. “Amigos, todo el que quiera venir a visitarnos va a tener las puertas abiertas”, dijo.

El último número y un grito de felicidad
Uno de los momentos más intensos de esta historia ocurrió durante el sorteo. Marcela salió con el número 10, una instancia que, según recordó, vivió con sus compañeros de trabajo y con la sensación de que ya no tendría otra oportunidad.
“Decírmelo a mí, que yo fui la número 10 del sorteo. Ya era la última posibilidad que tenía”, contó. Estaba en la oficina cuando supo la noticia y la alegría fue imposible de contener: “Fue un griterío, se enteró todo el Registro. Fue felicidad plena”.
Sus compañeros, que la habían acompañado durante la espera, también estuvieron presentes en este camino. Marcela recordó que siguieron el sorteo en vivo y celebraron con ella la noticia que tanto había esperado.
Hace 11 años que trabaja en el Registro de Deudores Alimentarios, que funciona en el Registro Civil. Entre el trabajo, la crianza de sus hijas y la vida familiar, estos años transcurrieron con la expectativa de acceder a una casa propia.

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